viernes, 9 de agosto de 2013

La Historia de Dos Amantes Capítulo 7: "Dame Sólo Una Razón"

Capítulo 7: "Dame Sólo Una Razón" 
Paty
 
La ceremonia terminó y me dirigí hacia mi apartamento justo cuando noté que olvide mi bolso negro de la colección Le 30  de  Dior, en charol negro, de pitón beige. Fabricado en piel de cordero con asas, que están elaboradas en piel y doble cadena, con el característico repujado Cannage

Mi piel se eriza por un instante y comienzo a ver como las luces son apagadas una a una. Todo lo que fue la gran ceremonia. El gran salón y el vestíbulo principal vacío. Camino por uno de los pasillos que conducen a mi camerino. Un sonido característico se comienza a oír poco a poco. Es Richard lo puedo oír a un millón de kilómetros. Su voz se me hace muy dulce, grave y varonil. Me vuelve loca.

Al llegar toco la puerta pero no recibo la respuesta que necesitaba. Entro y cierro con una sutileza que debe inspirar a los ángeles un poema sobre mí. Observo las pinturas que decoran las paredes de mármol de está fina estancia. Comienzo a buscar si Richard está en la habitación o no.

— ¿Qué haces aquí? ¿Quién te invitó? — su voz es tan aguda que llega a cortar mi aliento. Puedo saber quién es con tan sólo oír su gesticulación de voz, o más bien su intento de comportarse decentemente. Ella es Yamy.

— Vine a recoger mi bolso. — pues quién se cree, sino es más que la querida del hijo del presidente. — ¡Me invitó mi amiguísimo Osvaldo! — Se queda con la boca abierta. Se lo merece nadie insulta a Patricia Schumacher.
 
— ¡Eres una zorra! —Eso me dolió demasiado y le pague con la misma moneda.

 — ¡Pues tú no te quedas atrás querida! — Se nota en su expresión llanto o alguna cursilería, de esas baratas.

— ¡Ósea la vida no es color de rosa! Piérdete y déjame en paz. —Que se cree esa tipa. ¡Acaso puede aparecer de la nada y llamarme golfa! Quién le dio tanta autoridad a esa nefasta.


Nos fulminamos con la mirada por unos cuantos minutos. Recorremos una montaña rusa que es impulsada por el odio que sentimos la una por la otra. Nos destrozamos la una a la otra como los quebrantahuesos a sus víctimas. Demacramos nuestros tejidos. Somos tan viscerales con eso de odiar que las dos parecemos  otras.


 — ¡Mastuerza de quinta!  ¿Dime quién crees que soy? —Su volumen de voz se elevo tan rápido. La rabia controlaba todo mi sistema.

 —Schlampe aus meiner Sicht. —Sólo dije eso y ella inmediatamente dio un paso adelante.

—Alemana reciclada. —Espeto, dio un giro con gran estilo para abofetearme y salió corriendo.

— ¡Tonta Mexicana! —Me apresure a ir al espejo. Tomo un poco de maquillaje de uno de los estantes de los estilistas y corrijo la imperfección que me dejo la desnaturalizada de Yamy.

Gracias al inmenso espejo logro encontrar mi carísimo bolso. Justo detrás de algunos trajes. Debo admitir que quién los use, sabe de moda.

Decido ir por el bolso. Me agacho con cuidado. Aún cuando no hay nadie no debo perder el glamour. Tomo el bolso y repentinamente pierdo el equilibrio. Caigo dentro de lo que parece un inmenso closet. Aunque en su mayor parte está vacío. Es enorme. Las paredes parecen de terciopelo. Veo un poco más al fondo. Inspecciono rápidamente mi figura en un espejo. Un hermoso vestido color azul cobalto decorado con cintas de satén gris grafito colocadas junto con pedrería, en específico, esmeraldas y zafiros que resaltan mi belleza. Y qué decir de mi   manicura y pedicura. Mi maquillaje era despampánate. Mi calzado no se apreciaba porque el vestido los cubría. Era muy largo y resaltaba mis valores estéticos. Todo gracias a mi Diseñador de Imagen y Creador de mis atuendos. Cristian.

De repente, hoy  los pasos de algunas personas. Lo único que hice fue acostarme en el frío suelo del closet. Por suerte había corrido la puerta del secreto vestidor.

—Pensé que no habías venido. —Contesto una de las dos voces. Era una voz gruesa por lo que supuse que era un hombre. Me sonaba familiar su tono.

—Llegue un poco tarde al evento. —Esa voz es de la insensata Yamy. Su agudeza es inconfundible.

—Te dije que no contarás nada sobre Osvaldo. Todos ya saben que salgo con él aunque no  hemos formalizado. —Ella se vuelve más cruel con cada palabra que sale de su boca.

—Él único que sabe sobre esto es Cristian. No creo que él lo haya contado. —Me arrastro sin hacer ruido y me escondo detrás de un traje que por fortuna me esconde perfectamente, observo detenidamente lo que hacen.


—Dante, creo que lo estamos subestimando. ¿Crees qué él sea un buen aliado?, ¿No nos traicionará? — ¡Oh mi Dios! Es Dante. Jamás lo pensé de él.

—Claro que no. Lo tengo amenazado. —Yamy se exalta y se nota una mirada que me infunde pavor.

— ¡Amenazado! Eso me gusta. —Hace énfasis en AMENAZADO. Pobre de mí Cristian. No puedo pensar en él llorando. A pesar de ser un aclamado diseñador no puedo pensar en lo difícil que debe estar siendo esto para él. El maquillaje se me vuelve a arruinar por culpa de mis bien merecidas lágrimas.

— ¿Qué haremos con esa Paty? Ella representa un peligro en nuestro plan. Debe ser exterminada cuanto antes. — Nunca pensé que Yamy tuviera un lado oscuro muy bien guardado. Pero vaya que guardado se lo tenía. Y de Dante, pensé que sólo jugábamos cuando le preguntamos a un compañero: ¿Quién era más víbora? La solución salina corre por mi cara. Me siento tan impotente.

—Nunca me ha caído bien. Pero sabes creo que sé quién puede ayudarnos con esté trabajo. —Un aura oscura se puede ver alrededor de Dante. No sé sí es en verdad eso o sólo lo imagino.

—Me parece muy bien eso. Cuéntame sobre tu nueva adquisición. — Ella tiene un brillo tremendo en sus ojos. Del dulce tono en el que siempre están, ahora pasaron a un gris grafito.

— Se llama Berenice Drhez. Es una condenada. Moriría hoy pero la salve y ahora ella me debe un gran favor. — Mi amiga Bere. No por favor, no más. Mis lágrimas están arruinando completamente el maquillaje.

—  Me parece muy bien. Necesitamos que alguien se acerque a Osvaldo y ella me parece una excelente opción. — No hay palabras para describir tanta maldad. Ellos dos son la maldad personificada.

— Yamy, Yamy, Yamy. ¿Sabes qué necesitamos? —Dice Dante sin vacilar.

— Una luz al final del camino. Algo que nos ayude dentro de éste mar de sombras. Morir no es una opción. — Yamy se queda estupefacta con esté último enunciado. Yo igual.

—Nuestro plan no tendrá precedentes. Ni fallará. Ni mucho menos Radiactivo impedirá que lo hagamos. ¡Todos están perdidos! —Masculla con tanta naturalidad.

— ¿Y qué haremos con el hermano del Presidente? —Comenta Dante. — Esto no es posible. Nadie creerá esto.

—Dejaremos que el siga creyendo que nos controla. Después lo secuestraremos y veremos qué hacer con él. — Ella es muy frívola. — Todo lo que he oído, es impactante.

— Dante. Dame sólo una razón para que no asesine a tu queridísima amiga de toda la vida. — No puedo creer lo que oyen mis oídos. MATAR.

— Fany, sólo está confundida. Deja que ella reaccione y se nos una. — El Dante que conocía ha regresado.

— Le daré sólo una oportunidad. Si falla morirá. — Yamy hace un pausa y suelta un risa malévola. Se da la vuelta y sale del camerino.  Dante también lo hace.

Espero cerca de quince minutos y decido salir. Busco en toda la habitación señales de Richard. Abro una de las dos puertas de que conectan hacía otras habitaciones. Giro la perilla de la puerta izquierda y lo veo. Todo golpeado en una de las literas. No sé sí está muerto o sigue con vida.

Salgo de la habitación y llamó  a una ambulancia desde un teléfono público. Doy el informe y rápidamente enciendo mi CTS V Sedán negro.


Nadie debe saber que estuve aquí. Ni nada por el estilo. Estoy en un gran problema. Esto es tan grave que puedo llegar a morir…    

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