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lunes, 5 de agosto de 2013

La Historia de Dos Amantes: Capítulo 4 "Cuando Sea Tu Hombre"

Capítulo 4  "Cuando Sea Tu Hombre"
(Osvaldo)

Observo detenidamente como la muchedumbre pasa de un lado al otro y se dejan llevar por un sistema que los ha ido consumiendo sin que ellos se den cuenta. Ojalá  y a mí se me ocurra una idea como esa. Eso sería muy genial. Tener en mis manos a cientos, miles de personas. Manejarlas a tu antojo. Mi lado  oscuro se puede observar en algunas ocasiones y eso genera mucho conflicto entre nosotros dos.

Es muy nefasto observar a cada una de las personas que se presentan cada día frente a mí.  Ser hijo de uno de los  magnates del país tiene un lado bueno. Pero no debo abusar eso. Eso me convertiría en un tipo muy diferente. Usaría a las personas como objetos. Mi único objetivo sería el dominio del mundo. Mi ejemplo a seguir sería el de Hitler pero no sería tan egocéntrico como lo fue él.

Todo se ve tan formal que aburre. Por mi parte, puedo decir que odio los eventos en los que se tiene que ir de etiqueta. Aunque las chicas no se ven tan mal en esos vestidos de diseñador. Algunas exageran un poco. Otras tienen gustos muy peculiares y al decir PECULIARES no es cualquier expresión.

Veo a un chico fornido, de éstos  que les gusta posar para la cámara. Él va vestido como dictan las normas, protocolos y  lineamientos que quién sabe estableció. Lleva un sobrio smoking gris, una camisa blanca de lino y una pajarita. Un color gris que contrastaba a la perfección con un look de lo más desenfadado. Tiene una especie de Tupé como peinado. Un despampanante reloj en su muñeca. Y una barba al puro estilo “Senneca Crane” que provocaba algo así como convulsiones en las mujeres que se topaban con él en el evento.  

— ¡Osvaldo ya deja de verte en ese espejo! Me dice mi padre en un tono tan autoritario. —  Se ve tan formal con su smoking color gris Oxford y su corbata color gris y matizada al estilo 007. En cambio yo  soy un poco vanidoso cuando se trata de impresionar. Espero y todo esto resulte satisfactoriamente bien.

— ¡Papá recuerda que estoy aquí por ti! — Veo una expresión de alegría en su rostro. Él siempre ha sido tan sobreprotector conmigo. Aunque él esperaba que estudiará Ciencia Políticas en Harvard. Eso debió dolerle mucho. Su único hijo estudiando algo diferente a lo que la Dinastía de los Astabaruaga por convicción había hecho desde que se les concedió el abolengo.
   
— Hijo recuerda llamarme Sr. Presidente o Presidente Astabaruaga. —Volvió a ser el Sr. Presidente. Odio no poderlo llamar por su nombre.

— ¿Dónde estaban? Los estaba buscando. —Mi madre es tan dulce cuando habla. Se podría decir que tiene la voz de un ángel. Su vestido de lino de color blanco de la colección de Dior es exquisitamente hermoso. Resalta su figura y la hace ver increíble.

—Estaba aquí con Papá, digo con el Sr. Presidente. —Digo como forma de disculpa. A ella no se le puede hablar de otra forma.

— ¡Omar ya empezaste a decirle a nuestro hijo que te llame de esa forma! Sabes que a mí no me gusta la idea de que me llamen “Primera Dama”. — Eso me hace sentir reconfortante.

—Está bien Madai pero sólo en los eventos usaremos los títulos de etiquetas. — Se nota un poco de rubor en mamá a causa de esta discusión. Por su parte, papá se ve tan relajado.

Dejo que comience su eterna charla y me dirijo hacia el tocador. Todas las chicas se ven tan espectaculares. Espero y ella llegue. El señor presidente dice que su hijo no debe tener fama de mujeriego. Pero sí el lo fue porque yo no. ¿Por qué siempre al pensar en eso me llegan las palabras de mamá? Esas palabras conllevan demasiado peso moral. “Tú no eres como tu padre, tú eres una mejor persona.”  

Mi madre me ha inculcado que cuando me enamoré procuré a esa chica que por alguna razón, para mi es especial. No sé si es la forma  en que me sonríe o la forma en cómo camina. No soy distinto a otros chicos de mi edad. Lo que sucede es que trato de ser yo mismo. A veces me dejo llevar por las sugerencias de los diseñadores de imagen de mis padres. Pero la mayoría del tiempo soy un chico como cualquier otro. Me enamoró sin querer. Creo que Cupido hace las cosas sin consultarme. Siempre doy todo de mí sin esperar recibir algo a cambio. Las chicas de estos tiempos están enamoradas de los personajes literarios de los “best sellers”  más populares. Lo cual hace imposible que ellas se enamoren de una persona real. Ellas esperan encontrar a un chico que las atienda cuando ellas lo requieran, que las acompañen sin objetar a ir de compras. Pero en sí lo que ellas más quieren es que les dediquen tiempo. Y que su felicidad esté por encima de la de ellos. Ellas no esperan que se les regale un detalle de lujo sino que se les regalé algo con el corazón. Un simple poema. Algo insignificante para muchos pero muy importante para ellas.

Oigo demasiado ruido y es porque el discurso de mi Padre está por comenzar. Me dirijo a primera fila. Soy muy torpe caminando. El ambiente tiene ese delicado aroma. Ése que sólo ella libera cuando camina. No sé sí son feromonas o qué sea. Lo que sí sé es que es la esencia de mi amada. Volteo para mirarla y para mi sorpresa la veo acompaña de Cristian. Un amigo de la universidad. Él se ve formal en su traje color negro con camisa blanca y una pajarita color negra clásica. Los veo muy contentos. Se ven felices. No puedo llorar en este instante. Que dirían los invitados y los reporteros al ver llorar al hijo del Presidente. Mejor decido llorar por dentro. Eso duele más. No puedo evitar hacer me daño con las mancuernas. El dolor provocado por los metales es menor que el verla a ella otra vez traicionándome. Iba pedirle disculpas está noche. Le iba decir que yo sólo quería ser su hombre. Y no por verla en ese vestido de satén turquesa iba ir corriendo hacía ella como un tonto enamorado. Ellos caminan hacía mi. La ceremonia comienza y observo la mano de Cristian deslizándose hacia la fina y delicada de Yamy.

Cuando sea su hombre le daré todo lo que ella merece…
Cuando sea su hombre viviré al máximo cada momento con ella…
Cuando sea su hombre pondré por delante de mi felicidad la suya…

Claro. Si algún día sucede.


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