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miércoles, 21 de agosto de 2013

La Historia de Dos Amantes: Capítulo 11 Sección A: "El Gran Plan Parte 1: Déjame Ir "

Capítulo 11: "El Gran Plan Parte 1: Déjame Ir"

Misterioso Presidente de Radiactivo

Todo ha comenzado ya. La  luz por fin saldrá del lugar dónde fue aprisionada. La épica guerra comenzará y nadie podrá frústrala. Nadie me conoce y eso es lo bueno. Soy una incógnita para la mayoría. Sólo unos pocos me conocen. En sí todo está planeado. Después de mi deslumbrante aparición todos tomaron decortex en sus copas. Un licor que es capaz de crear lagunas en los individuos que lo ingieren, perdiendo el conocimiento de lo que vieron.  

Sólo algunos conocen mi verdadera identidad. Ellos fueron preseleccionados desde muy jóvenes para formar parte de mi grandioso plan. Todos forman parte de mi excelso gabinete.
El día ha llegado y no me importa quienes tengan que morir para que mis planes se lleven a cabo. No me importa desparramar una gota de sangre aunque sea la más pura, ni asesinar yo mismo a mis propios amigos.

Muy pronto mi equipo estará aquí con mi rehén. Con él aquí todo será más fácil. Mi identidad no puede quedar al descubierto. Esta será la ocasión perfecta para aniquilarlos a todos.
 
 Mi mente diseño varios planes de refuerzo y alternativas por si ocurre un imprevisto. Los privilegiados por fin sabrán lo que hicieron sus antepasados. Sabrán el motivo por el que hoy gozan de incalculables fortunas. Sabrán lo que esconde el gobierno de Gloret.

Los motivos que pueden llevar  a un individuo a querer iniciar una guerra son varios. Algunos de ellos son muy personales y los otros son causas sociales. Pero hay quienes buscan los dos. Y esto crea un gran conflicto en el que entran en disputa los intereses de cada uno de los que participan en el mismo. En mi caso puedo decir que tengo los dos y las personas que me siguen, se podría decir que lo saben. Mi élite no se puede revelar contra mí porque yo conozco su más íntimos y personales secretos. Yo sé todo de ellos, incluso conozco sus puntos débiles de cada uno de mis enemigos. Soy invencible.

Ser invencible no fue fácil. Tuve que hacer cosas de las que hoy me arrepiento y jamás podre remediar. Manipular la vida de algunos niños desde antes que nacieran. Diseñarles una vida. Todo sin que ellos se dieran cuenta. Ser el culpable de la tercera guerra mundial. Suerte que ya no tengo conciencia. Ahora bien, pensar que todos ellos te consideran como el padre que nunca tuvieron, si supieran que yo tuve que ver con la muerte de los suyos.

—El equipo está de regreso. —Me anuncian por la radio.

—Hazlos pasar de inmediato. —ordene en un tono brusco a través de la frecuencia de la misma.

Mi despacho es enormemente grande. Podría jurar que es el más grande de Gloret. Giro mi silla ejecutiva y me preparo para la llegada del prisionero. Enciendo las cámaras que me permiten observarlo todo sin ser visto.

Las puertas se abren y veo como entra mi equipo, mis vasallos. Primero entra Alex vestido con unos jeans, una camisa color escarlata. De esa forma no parece ser un investigador nivel tres.

Aún recuerdo como lo conocí. Era una tarde fría y oscura cuando nuestras familias se encontraron en el Festival de Canes. Todo indicaba que nos odiábamos mutuamente, pero yo vi algo en él. Algo que me serviría a futuro. Y así fue. Planee un atentado. Al finalizar el evento. Les pedí a sus padres que lo dejarán ir a jugar a mi casa. Ellos aceptaron pero a él no se le veía muy de acuerdo. Ellos se fueron  y en poco tiempo les fue informado a mis padres que la familia de Alex había muerto en una explosión. Nadie nunca supo cómo ocurrió  y no tuvieron otra opción que cerrar el caso. Las autoridades dijeron que fue un accidente desafortunado. Mi querido amigo no tenía familia. Y fue llevado a un orfanato. Cuando obtuvo la mayoría de edad, el comenzó a vagar por las calles como cualquier chico que no tiene sueños. Alguien se los arrebato. Pasó el tiempo y cayó en las drogas, en los vicios. Hasta que llego a la cárcel. Fue ahí donde supe que era el momento. Él necesitaba apoyo y sólo yo sabía que es lo que necesitaba. Él recibió una carta en la que le decía que él tenía un gran futuro. Él sería alguien muy importante en la historia. Sólo necesitaba formar parte de Radiactivo. Acepto de inmediato y comenzó su transformación. Se convirtió en lo que yo quería. Se convirtió en una pieza clave de mis juegos. Mis maravillosos juegos. Mi inquietante risa malévola no se pudo contener y se desato en un monologo interno.

Después vi pasar a Salvador. Él es mi mano derecha, un tipo que rescate el mismo día que Alex acepto unírseme. A él también le desgracie la vida. Con él fue un poco más complicado. Un payaso de la clase no era cualquier cosa. Era querido por todos. Y era más difícil encontrar la forma de hacerlo sufrir. Y con esa hermana mayor que él tenía era imposible. Entonces, se me ocurrió separarlos. Justo cuando la primera parte de mi gran plan iniciará. Cuando desaté la tercera guerra mundial. La mayoría de mis futuros refuerzos tenían el rango de edad necesaria. Mis contactos extranjeros hicieron lo acordado. Es fácil dominar y manipular las mentes de unos ineptos. Haciéndoles creer que juntos gobernaríamos el mundo. Cosa que no fue así.  El plan fue atacar desde Inglaterra con armas núcleo-biológicas,  disimulando que todo fue un error.  Mi único objetivo era “erróneamente” atacar los Emiratos Árabes Unidos  y las Coreas. Lo que ocasionó que se formarán alianzas que acabaron con la mayoría de los países. Se acabó con todo en esa ocasión. El único lugar que sobrevivió fue América del Norte, lo que hoy todos conocen como Gloret. El único lugar habitable en la tierra.

Salvador no sabe que tuvo una hermana. No sabe ni siquiera que existe. Cuando fue su reclutamiento, le borramos esa parte de su memoria. Mezclamos sus recuerdos con unos diseñados por mi gran equipo de investigación en neurociencia. Alex fue quien me ayudo a convencerlo de una forma en la que él no pudo decir que no. Lo puse a estudiar, y estudiar porque en él veía un futuro prometedor. No me equivoque en absoluto. Ahora es mi mano derecha y sabe cómo hacer lo que le pido sin pedirme explicaciones. A él sólo le importa derrocar el sistema, por lo que confía en mí ciegamente.

Por su parte Fany, no sabe nada sobre su hermano. Ella fue rescatada por el gobierno ya que pertenecía a la clase alta. En estos momentos funge como funcionaria de estado. Es la Secretaria de Educación. Un sector muy importante en Gloret. Vive infelizmente por no saber nada sobre la muerte de su familia.

Quien entro después fue la única dama del equipo. Jarely. Ella no tiene una historia tan feliz tampoco. Ver morir a su madre y a su pequeño hermano no es cualquier cosa.

— ¡Piensa en esa impotencia por no saber qué hacer y no poder ayudar mientras las personas más importantes en tu vida están agonizando y pronto morirán! —Me digo a mi mismo en un monologo interno.

Pienso en como debió haber sido presenciar esas muertes en tus manos. Jarely sufrió mucho y no era para menos. Después de las muertes causadas por un tiroteo anónimo el 12 de junio de 2013. Ella recibió un paquete con instrucciones para que ella pudiera comenzar su venganza contra el gobierno. Acepto de inmediato y al poco tiempo se hizo amiga inseparable de Salvador.  

Y el último de mis súbditos acaba de entrar. Eyvin, un chico que se metía en cualquier problema cuando lo conocí en sexto grado de primaria. A él no le importaba cómo pero tenía que pasársela bien. Sus bromas lo llevaban siempre a la dirección hasta que su familia murió envenenada inexplicablemente. Sin que nadie se diera cuenta, él cayó en una tremenda depresión de la que no podía salir. Fue internado en una clínica psiquiátrica varias veces por su tía-abuela Gretta. Los dos se odiaban mutuamente y ese odio fue la chispa que encendió el fuego en su relación.

Cosa que a mí me sirvió para poder apoderarme de la gran capacidad que veía en él. Sólo tuve que incitarlo para que con sus propias manos matara a su único familiar. —Debo admitir que eso fue un regocijo de alegría para mí—

— ¿Mi Señor pasamos al boleto de la victoria?—Me pregunta Alex mediante una de las radios.

— ¡Por favor! Déjenme con él a solas. —Ordeno con un tono de autoritarismo.

—Pero Señor, él no está sola. —Me enfurezco por saber que no acataron mis órdenes.

— ¿Con quién está? ¿Qué acaso no les dije que lo quería sólo a él? —Grito al unisonó y giro irremediablemente la silla.

—Con su tío. —Dice tartamudeando Eyvin.

— ¡Desaparezcan de mi vista, ineptos! —Puedo observar cómo se ponen nerviosos, eso en ellos me gusta.

— ¡Como usted ordene amo! —los leales peones repiten uno después del otro.

Todos salen rápidamente. Aunque veo un brillo muy raro en los oscuros ojos de Salvador. Tal vez haya descubierto mi verdadera identidad. Para todos, soy Tristán. Un joven que sufrió toda su vida. Una persona que nunca ha podido ser feliz. Y jamás conocerá la felicidad. No creo que me recuerde únicamente éramos mejores amigos. Sólo eso.

—Dejen pasar al tío. — espeto sutilmente a través de la frecuencia del aparato.

Todo se me ha complicado. El tío no debió sobrevivir a nuestro ataque. Algo en mi plan no va bien. Podrían ser espías, algún traidor. O quizá sea una fuerza rebelde dentro de los suburbios de Gloret. Necesito entrevistar a Richie antes de matarlo.

—Mi Señor aquí está el prisionero. —dice uno de los guardias.

Debo asegurarme que Cristian elabore nuevos diseños de uniformes para mis trabajadores. La verdad se ven del asco. Mí invitado sorpresa se sienta cómodamente en mi sofá. Se ve nervioso. No sé de dónde rayos sacó ese atuendo. Es muy casual-juvenil y va muy ad hoc con su apariencia.

—Muy cómodas las esposas ¿No?  —Formulo desde lo más profundo donde se esconde mi sarcasmo.

—De hecho. —Me contesta con su acento de una papa en la boca.

—El plan no era capturarte a ti. Dime qué es lo que sucedió hoy en tu mansión. Sé que sucedió algo que alteró un poco mi maravilloso plan. —Digo tranquilamente.

Observo detenidamente su lenguaje corporal en busca de la verdad. Necesito saber que lo que me diga sea verdad. De todas formas lo mataré.

—No te diré nada. —dice en un tono frío.

—Tu sobrino depende de ello. Es tu decisión si vive o muere. Así que dime sí quieres que viva o que muera. —resoplo con aires de  posible triunfo.

—Jamás te diré. —Se hace el fuerte pero sé que muy pronto caerá.

—No te hagas el fuerte. —Mis ojos se tornan de un color más oscuro de lo normal.

—Nunca te lo diría. Sé que Osvaldo es parte fundamental de tu plan. Sin él no eres nada. — Dice con un semblante de aires de pureza.

—Hagan pasar a Salvador. —exclamo a los cuatro vientos.

De pronto observo cómo se abre la puerta otra vez. No quería llegar hasta este extremo pero ahora no tengo ninguna opción. Debo usar está táctica. La pensé por si algo salía mal. Es el momento de usar una de mis variables, diseñadas para poder restablecer el curso original.

—Salvador hazme el favor de sentar a nuestro segundo invitado en la silla especial.  

— Veo como se queda estupefacto el carismático tío.

—Mi Señor todo está como lo ordeno. —Veo aún ese brillo que me preocupa un poco. Eso es lo de menos. Primero consigo la información que necesito para continuar.

—Enciende el mecanismo por favor. —Debo saber eso que me oculta. Es vital para que mis planes no sean frustrados.

—Encendido. —Observo una expresión diferente en Chava.

—Bienvenido Osvaldo, discúlpame por mi pésima educación. —El hijo del presidente se parece mucho al tío. Pero bueno.

— ¿Qué hacemos aquí? ¡Déjenos ir! — Puedo notar algo parecido al miedo en su forma de hablar.

—Necesito que me digas que me digas la verdad para que puedas irte de aquí con tu tío. —Digo mintiendo. Eso no se me da para nada. —El sarcasmo en mí es evidente—.

Matar es sencillo. Matas una vez, otra y así sucesivamente. Al principio suele ser difícil pero se vuelve un hábito incontrolable. Cuando decides parar sabes que nada volverá a ser como antes. Todo sea por dar libertad a nuestro querido pueblo. Son muertes necesarias. Un daño colateral. Muertes que vivirán en la memoria de los corazones de cada uno de nosotros. Esta noche quien lo hará será Chava. Suyo será el honor.

—No lo hagas Osvaldo. —Suplica el tío.

—Salvador calla a ese imbécil. —Grito inmediatamente.

—No le haga daño y sé lo contaré. —Dice en un tono que me agrada el primer hijo.

—Solucionado el problema de interrupciones Amo. —Salvador se nota un poco triste.

— Cuéntame acerca de lo sucedido hoy. —digo en un tono suave y relajado para dejar que las palabras fluyan rápidamente.

— En primer lugar debo decir que el plan de mis padres de protegerme, fracaso. Y en segundo, que mi tío es un débil siempre depende de alguien más. Se esconde detrás de alguien…

—Él debe de ser como una sombra, sabe cómo debe actuar y por si fuera poco es un ser que vive en el anonimato esperando el momento indicado para atacar. —interrumpo brevemente.
— ¿Prosigo? —me pregunta el ahora rehén mío.

—Claro que sí. —Estoy ansioso por saber más.

—No sólo se esconde. Usa a otras personas para realizar lo que él quiere. Disfruta viendo sufrir a los demás. En específico a mi padre. Creo que él sostiene relaciones con mi madre. 

—Se puede observar como la ira lo domina. Da un respiro.

—Continúa por favor. —Me siento identificado con su historia. ¿Sabrá de mí?

—Todo comenzó en la tarde, mis padres me llevaron a la casa “custodiada” por el máximo orden de Gloret: Los Unnas. Pero ni ellos pudieron con lo que se avecinaba. Llegue a casa de mi tío con una actitud arrogante para que viera que no iba de visita. Ni sería su inquilino, ni su huésped. Me apoderé del control de su casa y él acepto  o eso es lo que creo. Después de eso, subí a su habitación y me dispuse a cambiarme de ropa para restregarle en su cara que sé lo de su incesto con mi madre. Sin querer encontré la ropa que mi desquiciado y enfermo tío uso esa vez. Lo supe gracias a que leí las memorias de mi madre. Aquellas que guarda en secreto. Ella lo ama, pero eso a mí no me importa. Después de búrlame de él. Se quiso vengar, y sé que él sabía lo que había hecho en ese momento. Cuando el termino su contraataque decidió dejarme y se disponía a marcharse. Fue en ese momento cuando del cielo cayeron unas bombas que arrasaron con gran parte de la pared y del techo. En sí lo desaparecieron…

—Bombas de antimateria, aún recuerdo el día que las inventamos.  Ese fue uno de los inventos que dirigí en una tesis. La tesis de Alex. Por favor prosigue. —insinúo, la emoción de recordar ese momento me recuerda los viejos tiempos. Tiempos en los que aún conservaba mi humanidad. A favor de la humanidad.

—El tiempo empeoro para nosotros. Mi tío decidió activar su protocolo de seguridad pero para llegar a hacerlo debíamos estar en el lugar indicado. Corrimos rumbo a la cocina en busca de refugio, necesitábamos escondernos de unas monstruosas criaturas que se materializaron de unas pequeñas esferas que caían sobre nosotros. Todo era un caos. Nos tuvimos que separar y después de eso no supe más. —No era lo que yo quería oír pero qué más da. Sonó sincero al menos.

— ¡Es tu turno así que comienza o tu sobrino morirá! —Puedo ver como Richard cae en una profunda odisea.

Recuerdo la primera vez que maté a alguien. No lo hice sólo porque impedía que mis planes se llevaran a cabo, sino que, él siempre quiso ser mejor que yo. Quiso humillarme de todas las maneras conocidas. Nunca nos conocimos. No sé si soy un asesino o no lo soy, pero de lo que debo estar de acuerdo es que la sociedad me aplaudió eso que hice. Esa muerte fue más bien motivo de brindis. Él era un lunático, quería matarnos a todos. Y lo único que hice fue sentenciarlo. Callarlo de una vez por todas.

Una sinapsis lleva a mi mente una escena desgarradora de la que fui testigo.
Año 2010. Palacio de Justicia, Gloret.

— ¡Joder ella será mía esta noche! —Él era un hombre muy persuasivo cuando se lo proponía.

— ¡Por favor déjeme ir!—suscitaba la pequeña joven.

—Eres tan irresistiblemente bella. Déjame sacar una por una esas delicadas prendas. —Su voz de aquel hombre sonaba tan seductora.

La niña no hacía caso a lo que pedía, y el hombre le planto un golpe que la hizo caer al suelo sin previo aviso.

— ¡Déjeme ir enseguida!—Ordenaba la delicada voz de esa jovencita.

—Es algo que no puedo permitirme señorita. En cambio, disfrutaremos de una gran velada si usted lo gusta.

— ¿Qué pasaría si decido no aceptar sus propuestas indecorosas? —espeta en forma desafiante.

—Toda tu familia será desterrada de Gloret. No me importa que tus padres sepan lo que te haré esta noche. —Una curva maquiavélica posa sobre la sonrisa de tan infame hombre.

— ¡Así que se mía está noche y prometeré que te haré sentir como nunca nadie lo hará! —Dijo con una descarada frase que haría regocijarse a cualquier mujer incauta.

— ¡No por favor! ¡Aléjese de mí se lo suplico! ¡Déjeme ir! —Ella impacientemente quería huir de ese escalofriante lugar, sus palabras lo indicaban todo.

— ¡Pero sí yo te haré sentir como si estuvieras en el cielo querida!—Argumentaba el hombre con traje color negro.

— ¡Le suplico que me deje en libertad! ¡Se lo pido de rodillas si quiere pero por favor déjeme ir! —Pedía la joven con lágrimas en los ojos.

—Lo he decidido y esto se hará con o sin tu autorización. Si quieres que esto sea violento, la que sufrirá serás tú, no yo. Sólo hacía este intento de pedir permiso para que tú goces al igual que yo, dadas las circunstancias preferirás sufrir. —Sus brazos toman a la pequeña e indefensa chica y la recuestan sobre la alfombra de lino azul.


Todo transcurrió tan rápido. Las escenas que siguieron fueron brutales. Nadie merece ser tratado de esa forma. Una pobre joven tomada a la fuerza por un funcionario de gobierno. Mi mente solo pensó que el sistema estaba corrompido y debía ser destruido para implementar uno nuevo. Esa noche fue un evento que marco la vida de las tres personas que estábamos dentro de la habitación. Nuestras vidas quedaron ligadas para siempre. Odio es lo que sentíamos los unos a los otros. Ellos no me odian pero en algún momento sé que el sentimiento será mutuo. Y hará estallar lo que necesita el mundo. Una nueva revolución.

Continuará en la sección 2

martes, 13 de agosto de 2013

La Historia de Dos Amantes Capítulo 10: "Lo Que No Te Mata, Te Hace Más Fuerte"

Capítulo 10: "Lo Que No Te Mata, Te Hace Más Fuerte" 

Richie

Algo en el ambiente parecía diferente, totalmente a lo que estoy acostumbrado. Un frío muy rebelde se sentía por todos los lugares. La presencia de neblina y el chasqueo de las nubes no eran algo cualquiera.  Algo muy grande se estaba acercando. Cerca de mi casa hay un pequeño bosque en el que por algún motivo los animales estaban vueltos locos. Lo que fuera a suceder tendría que ser irremediablemente malo. Todos se comenzaban a ocultar donde fuera. Por algo dicen que los animales sienten el peligro antes que los seres humanos.

Regreso rápidamente a mi humilde hogar. Una réplica exacta de lo que un día fue el Updown Court . Una estancia con ciento tres habitaciones, de los cuales treinta y cinco son habitaciones.  Cuenta con un comedor inmenso, una sala de estar llena de decoraciones del cubismo, en específico de Pablo Picasso. Pero también se pueden ver algunas obras de Miguel Ángel, saqueadas del Vaticano antes de la tercera guerra mundial. Los pasillos tienen retratos de la familia Astabaruaga.

En el exterior la casa cuenta con tres anfiteatros diseñados ni más ni menos que por Cristian, el egocéntrico Diseñador de cualquier cosa en Gloret. Una alberca imperial, un laberinto, una fuente tridimensional elaborada por Alex con sedimentos de la extinta roca, un coliseo, un establo con los más finos corceles, una granja de estilo clásico, aunque se pueda observar algunas variantes genéticas como el borrego rosa o el cerdo arcoíris. En fin, mi casa en mucho más grande que la casa de  mi hermano el Presidente.

Después de la paliza que me dieron Dante y la desalmada Yamyl. Lo único que puedo hacer según el Secretario de Gobierno es estar aquí sin hacer nada. Según él es lo más seguro para mí. A decir verdad él no me cae del todo bien,  sé que oculta algo y tarde o temprano lograré descubrir qué es.

Estoy de alguna forma exiliado en esta gigantesca mansión sin poder contar con el apoyo de mi querida Madai. Ella lo es todo para mí. Es la razón de mí existir. Ella y yo somos uno. Nos complementamos como el ying y el yang. Quisiera que ella viniera y me tocará sólo como ella sabe hacerlo.

Le debo a alguien mi vida, ¿pero a quién? ¿Quién llamo a urgencias cuando me desangraba en aquella habitación? ¿Cómo saber algo que no sé? ¿Habrá sido la divina Madai? ¿Quién fue? Esas preguntas me atormentan día y noche. En éste, mi solitario hogar.


De pronto alguien toca mi puerta. Mi ama de llaves, Holly, abre de inmediato. Me impacto cuando veo a la hermosa Madai en una recatada y sofisticada falda color salmón en conjunto con su blusa blanca escotada y sus sofisticadas zapatillas celestes estilo “Peep-toe pump “. Todo espectacular.  En cambio, mi odioso hermano el “mi rey”. Todo un caballero, el adonis de la familia. Él se considera muy importante. Espera un momento, él no se considera lo afirma. En sus tiempos de mujeriego fue: cínico, formal, todo un caballero, apuesto, con dotes histriónicos. Sólo le fallo algo su forma de hablar… no era muy bueno.

— ¡Hola! ¿Cómo estás campeón? —Se ve tan bien, el pulcro condenado. Lo mujeriego jamás lo perderá. Aunque diga que es infiel.

— ¡Hola hermano! —Finjo un poco de aprecio por su visita. 

— Necesito que cuides de mi hijo por unas semanas. Creemos que puede estar en peligro. — Esto puede ser grave. Noto la expresión de preocupación en su comportamiento facial.

— ¡Te lo rogamos! Tú eres el único con quien puede estar seguro. —Dice la bella Madai entre uno que otro sollozo que hace correr el maquillaje en su rostro.

— ¡Oh claro que sí! —Me parte el corazón verla llorar. Ella es mía. No puedo verla llorar de esa manera.

— Richard te lo agradeceré por siempre. —Dice el pulcro hombre vestido casualmente con una americana azul, unos pantalones de lino color avena y sus náuticos color azul rey.

—No es nada. —respondo gratificantemente.

—Madai hazlo pasar. —ordena el Sr. Presidente.

Madai sale un momento y Osvaldo hace su entrada triunfal. Tiene un look juvenil. Camisa de lino blanca translucida, bermuda a cuadros azul ultramar y unas alpargatas color mostaza. Me recuerda como era yo cuando tenía su edad. Era un rebelde casual. Bien vestido.

— Tío Richard, ¿Cómo está? —He aquí lo que esperaba de mis otros dos inesperados invitados.

—Mejorando, gracias. —Ni siquiera se nota un poco de remordimiento por no preguntar por mi estado.

Nadie habla y no puedo dejar de pensar que algo sucederá hoy. En esta casa. Algo que cambiará la vida de todos los que vivimos en Gloret.

—Nos veremos en dos semanas. —Dice Madai.


—Pórtate bien campeón y nada de fiestas locas Richard. —exclama en un tono burdo el Sr. Presidente.

—OK, padre. —comenta el hijo prodigo.

—Cuida de tu tío y nada de invitar amiguitas. —dice directamente la madre de Osvaldo y mi íntima amiga.

— ¡Mamá! —El niño hace puchero.

— ¡Cuídense! Y nos vemos pronto. —Dice Omar y rápidamente desaparecen en el umbral de la entrada. Suena el motor del helicóptero y nos quedamos solos. Aquí solos.
No sé ni que cosa hacer. Se supone que no debo hacer nada pero mi sobrino ha llegado. No sé, tal vez hagamos una fiesta de alcohol, una pijamada de hombres. De esas en las que se cuentan los más íntimos secretos. Se destapan los amores, las cosas que han hecho. Y como la familia Astabaruaga tiene una fama de que los hombres de la misma son unos mujeriegos empedernidos. La noche será larga. Su madre me querrá matar pero sé cómo pedirle perdón, como a ella le gusta.

—Tío reacciona. —Osvi me saca de mi alocado sueño.

—Dime. —intento sonar amable.

— ¿Dónde está mi habitación? — El sobrino buena onda se ha ido y ahora llego el “da igual”.

—La verdad no sé qué habitación ocuparás. Nunca nadie me ha visitado de forma permanente. —Observo su mirada y sé que se parece mucho a mí. Es como si me viera en un espejo hace algunos años.

—Pero sí tu casa es demasiado grande. ¿Debe haber algún lugar donde me hospede? —Ahora se puede notar como la irá se apodera de él.

—Creo que alguna de la de huéspedes podría ser. —Digo en un tono altanero.

— A mí no me darás una habitación de quinta. Yo quiero tu habitación. Y cuidadito con decirme que no.
 —Creo que él trae algo contra mí.

Pensando en lo que podría ser viene a mi mente un recuerdo. Tenía la edad de él cuando mi hermano me estaba obligando a que tuviera mi primera relación sexual. Mi hermano tenía esa habilidad de bajarme la autoestima en cualquier momento, a voluntad propia. No podía hacer nada más que ir llorando a las faldas de nuestra madre la Dra. Elisa. Ella me dijo: “A veces es mejor dejar que las cosas pasen poco a poco y que todos sientan que eres débil, así tu venganza será más dulce que la miel, nadie sabrá cómo fue planeada y rogarán su perdón”.
Con el tiempo, mi apariencia cambio. Ahora soy más alto que mi hermano, más apuesto, mejor hablado. Y claro como mi Madre me dijo mi venganza fue sutil. Una venganza en la que misteriosamente murieron mis padres y mi querido hermano es mi títere. Una marioneta a la que puedo controlar como más me plazca. Gracias a mi es lo que es. El presidente de Gloret. Lo hago sufrir con algo que a él le fascina, le prohíbe tener sexo. Todo lo he logrado gracias al oportuno consejo de mi madre. En Osvaldo veo a un gran prospecto de discípulo. Él podría continuar con esta tradición. Como me hubiera gustado que él fuera mi hijo. Tiene una apariencia de rompecorazones, se nota que tiene aptitudes de un líder y lo más primordial no le importa nada con tal de llegar  a su  objetivo.

—Está bien, mi habitación es muy grande y cuenta con  tres recamaras. —Logro ver lo que quería en sus ojos, esa sensación de satisfacción al lograr algo que querías.

Mi plan está funcionando. Muy pronto tendré a mi discípulo. Lo estoy moldeando sin que nadie se dé cuenta. Todo marcha a la perfección pero vuelvo a sentir el presentimiento. Algo está por suceder.

— ¿Por qué tienes tres recamaras en tu habitación? —suena fascinado.

—Creo que la respuesta no te gustará, además tu madre me mataría sí te lo digo. Y ni se te ocurra fisgonear. —Noto rasgos de maldad pura en él.

—He visto lo que haces con mi madre a espaldas de mi padre. Esto no es nada. Además quién manda en esta casa no eres tú sino yo. —su argumento hizo que mi mente perfecta colapsará y se derrumbara.

 — ¿Cómo sabes eso? —Lo cuestiono en busca de saber si miente  o no.

—La noche de presentación de mi padre. Estaba en la recamará de atrás de donde tú estabas con mi madre. Me entere de tu amor por mi madre. Encontré cartas que mi madre escondía. Y lo confirme leyendo su diario. Me dieron ganas de matarte cuando los vi agarrados de las manos. Llévame a tú habitación en este instante —su furia es incontrolable  que podría detonar en cualquier momento.

Caminamos en dirección a mi habitación. Llegamos, lo miró y él camina hacía mi closet, lo abre y se encierra de una golpazo.

Como pude dejar que esto pasará. Todo se me salió de las manos y ahora debo pagar el precio. Él era mi única arma en esta guerra. Mi única escapatoria se ha ido. La única oportunidad de acabar con Dante y Yamy se marchitado. El consejo de mi madre no contenía un plan b. ¿Ahora qué haré? ¿Cómo me vengaré de ellos?

Debo pensar muy bien en mi próxima jugada. No puedo tirar todo esto a la basura. Esté se suponía que era mi momento en el que gobernaría entre las sombras ocultando mi verdadera identidad. Usando a mi hermano para poder establecer el nuevo orden. Donde todos me sirvan como su rey. Esto no debe acabar así. No mientras yo viva y principalmente Osvaldo no sé de cuenta del verdadero plan. En el que él es la clave. Lo que me llevará a cumplir todo lo que he predicho.

Debo convencer a Alex de unírseme él es un gran científico ya que sólo me puede decir la estrategia del Secretario de Gobierno.  Ellos son los científicos que tienen las tareas de diseñar el nuevo armamento, la nueva tecnología. Sé que puedo llegar a manipular al Secretario de Gobierno mediante Alex. Necesitaré de mi sobrino. Lo que me preocupa ahora es saber si realmente cuento con él implícitamente. Sin que se dé cuenta formará parte de mi plan.

El clóset se abre y puedo ver que se ha cambiado de ropa.

—Tienes un excelente gusto en ropa. —me elogia el condenado.

—Te pusiste mis prendas favoritas, ¿Cómo osas hacer eso? —digo aparentando un enfado tremendo.

—Me sientan bien, que bueno que somos la misma talla. —Él trata de irritarme pero no lo logrará.

—Enseguida regreso. —Tomó su maleta y me dirijo al clóset.

Enciendo las luces. Esto me recuerda esa vez que Omar me mostro como debía tratar a una mujer en la cama. Yo estaba escondido en el clóset mientras él se satisfacía.
Todo está luminoso y puedo ver a la perfección que tengo un excelente guardarropa que no puedo ver por dónde termina. Toda la estancia tiene un acabado de caoba. Me dispongo a abrir la maleta de mi sobrino en busca de algo que ponerme. Encuentro varias prendas, objetos personales, fotografías. Me detengo en una de Madai. Se ve tan hermosa en ese vestido lila de playa. Tiene esa sonrisa que desde que la conocí me cautivo. Sigo buscando y encuentro los gadgets muy peculiares. Sostengo uno de ellos muy parecido a un Evidenfy. Lo tomo y comienzo con el cambio de atuendo.

Retiro lentamente cada una de las prendas de mi cuerpo. Y comienzo mi nuevo look inspirado en Osvaldo con unos pantalones cortos chinos de cambray con estampado de cachemir azul marino y una playera de lino blanco. Termino con unos converse blancos y sus gafas favoritas. Eso sí, le doy un toque especial a mi nuevo aspecto, dos botones libres en la camisa al igual que recojo las mangas hacía mis codos. Él tenía razón, su ropa embono muy bien cuerpo.  Me dirijo a las puertas y salgo.

— Te vez muy bien tío. — No sé si es sarcasmo o qué es. Su mirada es tan fuerte que podría hasta decir que él es mi hijo, pero no, es de mi odioso hermano y para colmo del amor de mi vida.

— Nos embona muy bien la ropa del otro. Nos vemos más tarde, tengo asuntos que hacer. — digo sin vacilar y me dispongo a salir.

El lleva mi camisa favorita, diseñada por mi amiguísimo Cristian “El Dios de la Moda”, una camisa de color coral diseñada para ocasiones especiales, fabricada en lino y un material exclusivo de su firma. También esos pantalones de lino, los que ocupe la primera vez que estuve a solas con Madai. La primera vez que tuvimos un encuentro en secreto. La noche en que fue mía. La noche en que drogamos a Omar para estar juntos. Esa, su primera vez fue mía. Y Omar piensa que fue suya. Algo me dice que Osvi es mi hijo pero… ella jamás lo aceptaría.

Realizo unas pruebas de compatibilidad y me mostro los resultados. Aun así sigo pensando que es mi hijo. Es tan parecido a mí y a su madre.
Cuando estoy a punto de cerrar la puerta de mi alcoba. Una bomba antimateria controlada a distancia desaparece el techo y la pared del norte. Una invasión está ocurriendo dentro de mis narices. Esto ya es demasiado.

— ¡Osvaldo corre conmigo! Debemos resguardarnos. Vamos al refugio antibombas. — Corremos lo más que podemos, sin mirar atrás.

— ¿Qué sucede? — me pregunta. Ahora es el indefenso y frágil Osvi, el niño que necesita de mami.

— No sé lo que sucede ¿Tengo cara de saber qué sucede? —Digo en un tono de “corre por tu vida”.

Veo hacia arriba y el jet perseguidor comienza a lanzar capsulas que cuando caen al suelo liberan unas bestias. Alguna vez hoy de este proyecto que se desarrollaba en el sector industrial de Gloret. Son bestias encogidas de todo tipo, las que son criogenizadas dentro de pequeñas esferas que al contacto con la tierra, el agua o  la caída libre en el aire liberan factor de crecimiento que las reanima y les devuelve su tamaño. Estás bestias están alteradas genéticamente aunque no se note a simple vista. Seguimos corriendo hasta que una de ellas se materializa ante nuestros ojos. Es un lobo o eso aparenta ser. Nos escondemos detrás de barra de la cocina y acciono el control escondido dentro de la misma. Digito el código para activar el protocolo de seguridad.

El escudo de fuerza creado por Alex comienza a hacer su aparición y los electromagmentos lanzados al aire por los cañones ubicados en puntos estratégicos del jardín impulsan al jet fuera del escudo antes de que esté se materialice por completo. Arrojándolo al cielo y estallando a causa de los rayos láser que se activan cuando el radar encuentra metales a cierta altitud.

Estamos a salvo, quien nos quisiera atacar a muerto en esa explosión. Nadie puede sobrevivir a ella. Salimos de la barra y comenzamos a volver a mi destruida habitación. Cuando a lo lejos se ve una manada. Mierda me olvide  de los lobeznos.

— ¡Corre Osvaldo! —Le ordeno que corra.

— Tío siempre me caíste bien, eres mejor que mi padre… siempre ha sido mi ejemplo a seguir. — Sé percibe que tiene miedo pero aun así él es sincero.

— Ocúltate dentro del clóset. Ahí estarás a salvo. —le digo en un tono fuerte.


— Pero tío que será de ti. —Comienza a llorar y su voz se empieza a quebrar.

—Tú corre, tú debes sobrevivir. Se lo prometí a tu madre. —No quiero perder los estribos. Seré fuerte por mi casi-hijo.

Se apresura a correr hacía donde le indique. Vuelvo mi vista hacía las criaturas. Y las provoco para que me persigan. Corro ágilmente hacía la inmensa sala de estar para activar mi protocolo interno. Llego a la sala pero no puedo creer lo que veo. Yamy y Dante esperándome en uno de los sofás de piel sintética de oso panda.

Ellos tienen una mirada que me hace sentir miedo. Son unos maestros en el arte de las encrucijadas. Sólo a ellos se les podría ocurrir esto. Ellos son los únicos que podrían frustrar mis planes.

— ¡Richard, Richard, Richard te estábamos esperando! —menciona su malignidad Yamylet.


— ¡Esa es nuestra bienvenida! ¡Espero y la nuestra te haya buscado! Mira que por poco morimos en aquel Jet. —espeta Dante con una copa de ginebra en su mano.


—Son unos monstruos…

—Muchas gracias por tus halagos. —No hay forma en la que pueda contra ellos.

— Ustedes están desquiciados. — Se notan unas pequeñas sonrisas en sus rostros.

—Pronto morirás siendo desmembrado por nuestros pequeños lobos. —Yamy rompe la copa que sostenía en sus manos con la presión que ejercía una de ellas.

—Y Osvaldo no se salvará de esta. —Dante dice rabiosamente.

—Él no está aquí. —Trato de sonar creíble ante ellos.

— ¿Y por qué estás usando su ropa? —Espeta “La Reina del Drama”.

— También tengo ropa parecida. — Grito a los cuatro vientos.

—A mí no me mientes tarado. Yo sé que él está aquí. Así que tarde o temprano lo tendré bajo mis pies para matarlo como se lo merece. —Ella le tiene un odio inexplicable.
Se oye un ruido espelúznate, algo está matando a esas horribles criaturas. Son ruidos de dolor de muerte. Se oye como agonizan esas pobres bestias. Dante y Yamy se alteran al oír cómo van muriendo sus fieles sirvientes.

Se abre la puerta y puedo ver cómo llegan Alex y un equipo de rescate. Traen a amordazado a Osvaldo y se me quedan viendo cara a cara.

— ¿Qué haces aquí? —Me dice Alex con su acento ruso.


—Estoy tratando de huir de Yamy y Dante. —digo con algunas lágrimas en mis ojos.

—Pero sí tú estás sólo en esta habitación. —me dice con tanta confianza. 

Volteo a ver y no encuentro a nadie. Ellos escaparon. Alex me ayuda a parar y puedo oír como Eyvin le dice que el teletransportador está listo. Un rayo nos ilumina a todos y de repente estamos en un jet enorme. Me siento en una ventana y veo el campo de fuerza resguardando mi casa. En un momento puedo verla en su esplendor y al otro estalla causando una enorme explosión que elimina todo lo que estaba dentro.

Ahora estoy a merced de Alex. No sé qué será de mí. Pero lo que sea que sucedió hoy cambiará el rumbo de la historia en Gloret. Mi hermano pensará que morimos y hará estallar lo que vendría siendo una nueva guerra. Una guerra mundial dentro del único país que sobrevivió a la anterior.
Alex se acerca cuidadosamente a mi lado y se sienta.

—El Jefe aún no decide que hacer contigo. No sé sí vivirás o Morirás. Tú no estabas dentro del plan. —Me dice de una manera que consoladora.

—No estaba dentro del plan. —Le digo y él se aleja.

Tal vez hoy y sea mi último día de vida. No ame como debí. No pude terminar lo que empecé. Estoy acabado. Sí sobrevivo Yamy y Dante me mataran tarde o temprano. Osvaldo es prisionero al igual que yo por el misterioso Presidente de esta organización a la que oí que  se llama Radiactivo.

Una conspiración empieza desde lo profundo de la oscuridad y llega a luz para resplandecer atacando con todas sus fuerzas. Las intenciones son buenas o malas. En este caso, no hay buenas ni malas. Lo que hay es lo que los ojos no quieren ver, ni los oídos oír.